miércoles, 25 de junio de 2008

FIESTAS




FIESTAS

Nuestro paraje estuvo en sus primeros tiempos nutrido de arroyos y noria que coloreaba el trino de los pájaros y como tanta agua bañaba sus tierras, así junto a los trinares había fiesta, música y alegría por todos sus rincones, ninguna aldea se quedaba atrás, donde pasaban Navidades de hacer 8 fiestas en los diferentes sectores que componían este terruño y que las fiestas las hacían de amanecer en ellas y terminar en comilonas en las que sacrificaban cerdos y becerros resaltando que a éstas sólo asistían los invitados y se cuenta que estas las hacían por vecindarios y familias; a esos bailes le llamaban “El baile del Gabiao”, recuerdan que le pagaban a la dama por su baile, por cada 3 piezas que bailaban, pues les decían a los merengues.
(piezas y discos) y cuando terminaban el joven daba a la doncella pan con dulce, cerveza negra(malta alemana), vino, bombones y refrescos que ellos llamaban “Quid”; también formaba parte del brindis el queso que hacían de leche de vaca y chiva.

Estos bailes eran amenizados por un grupo de jóvenes que pasaban los atardeceres ayudando a los ruiseñores a engalanar el panorama con su canto para embellecer sus florestas.

Las fiestas las realizaban con instrumentos musicales denominados así: Balsie o palo echado; este instrumento eran unos palos que acomodaban al que tocaba sentado y luego con las manos brotaba ese sonido ronco que el aire expandía a toda porfía por todo el paraje.

Otro instrumento era el “Tres”, guitarra compuesta de tres cuerdas, que entonadas, hacían vibrar el corazón de entusiasmo y diversión, junto a la guitarra, güira, y maracas que alborotaban el panorama con la vocinglería de sus notas.

Tal vez por esa razón bailan tanto las hojas de los árboles centenarios del paraje, pues el son de esas notas dejó intactas en cada una de ellas el sésamo indeleble de sus movimientos.

Estos instrumentos eran tocados por:
Elpidio Valoy: La Guitarra.
Gavino Calderón: El Tres. (Anécdota No. 4).
Juancito Peguero, hijo de Laito Peguero tocaba “La Güira.

Las maracas eran tocadas por Najito Calderón hermano de Gavino, ambos hijos de Eduví Calderón.

Estos sobresalientes personajes pasan hoy a la historia como los integrantes de nuestra primera orquesta.

A estos instrumentos le precedieron las vitrolas, menos típico que las anteriores, pero más moderno, consistía en colocar un disco se le daba maniguetas y luego el disco salía.

Después de estos anticuados instrumentos llegaron a los tocadiscos o picó como solían decirle; éstos funcionaban con baterías, a estos instrumentos le sucedieron las Velloneras que funcionaban con 5 y 10 centavos y se marcaba la clave de la canción que queríamos, la cual estaba señalada en su parte delantera posterior.

Las fiestas eran realizadas en las casas de familias hasta que existiera el primer Bar público de la Comunidad, propiedad del Sr. (Regú); éste funcionaba en casa de Andrés Rodríguez y Augusta Castillo; qué fiestones se realizaron en ese lugar, cuántas mujeres hermosas dieron cita en este lugar, cuántos trajes almidonados y vestidos largos se exhibieron en este bar.

Este centro público lo sucedió el Bar Roberto Santana, ubicado en lo que es la carretera principal, propiedad actual de Bienvenido Santana, éste estuvo funcionando para la década de los años 40 y 50, años en que fluían mujeres tan hermosas como las alelíes; aquí funcionaba una belleza; cuentan que este centro estaba construido en madera con dos niveles.

Ya para las décadas de los años 70 se bailaba en los bares de Chiquitín, terraza que frecuentaba la gente, ubicado a unos metros de donde está la iglesia actualmente.

No obstante hay que recordar que para estos años funcionaban dos centros de esta índole, en la parte norte del paraje estaba el Bar de Batista, ambos funcionaban con Belloneras, es seguro que cuando la juventud que florecía para esos bellos tiempos escuchen algunas canciones como bachatas, merengues, boleros románticos, al mismo instante recuerdan esos tiempos.

En los albores de los años 70 también existió el Bar de “Papiro” Chalas como cariñosamente se dio a conocer; este pintoresco personaje está ligado a toda la sabia de nuestra historia reciente, cuántos juegos, cuántos favores, cuántas charlatanerías, pues era un hombre pasivo, amable, humilde, cooperador con el naranjalero y todo el que conocía este caballero nativo de la Ciénaga, Sección a la que pertenecemos, llega a esta Comunidad con el fin de ejercer el comercio, y ocupó parte importante en los corazones de nuestras gentes. (Ver anécdota 5).

El naranjal es una tierra dulce para los que llegan y todos cuantos la habitan, pues este lugar es muy visitado por gentes de la zona urbana a disfrutar de música y uno que otro trago de ron y porqué no mencionar la amalgama de mujeres bonitas y de pelo lacio que ha parido nuestro pedazo de tierra.

Las fiestas han sido siempre muy divertidas y nutridas de gentes de toda índole, pues haciendo comparación con el principio y mediado de este siglo, esta comunidad posee muy poco índice delictivo, aunque en el pasado siglo pasaron por las sombras naranjaleras las férreas garras del delito, esas que ennegrecen la semblanza de los pueblos y ciudades del mundo.

Nuestra gente aunque de escasa instrucción, pero es ingenua, no provoca peleas ni desastres mortíferos que tengan que remembrarse y si se arman peleas no son de muertes.
Al ruraleño siempre le ha gustado la festividad, teniendo ésta como una de sus formas de diversión más común, junto a las peleas de gallos, nochevelas, besamanos, bautismos, entre otros.
Un rasgo muy peculiar de las fiestas son las serenatas, éstas se consagraban sólo para enamorados, se recuerdan serenatas entusiasmadas y dirigidas por jóvenes enamorados, que buscaban guitarras para desarrollar éstas, cosa esta que si era la doncella que al final de la serenata daba las gracias, ese amor estaba ya consentido, pero era frecuente que las viviendas sólo tuvieran un aposento y casi siempre los padres de la doncella que escuchaban la serenata como para ellos, daban las gracias.

(Ver anécdota 6) se recuerda que no era muy fácil hacer amores y que los padres eran recios y había que respetar, pero sabiendo que hasta con una tirada de piedrecillas y luego la respuesta ya tenían amores, y si eran con el consentimiento de los padres sólo podía ir a visitar a su adorada los sábados y domingos y muy de lejitos; es quizás una razón por la cual había casamientos con frecuencia.
Se recuerda que los casamientos eran verdaderos acontecimientos, pues eran invitados todos los familiares de cerca y de lejos, amigos y vecinos, los que se conglomeraban de manera alegre en el patio de la casa, y en el hogar de la novia rebozos de comilonas, bebidas, bailes.

Nuestro país por idiosincrasia se lleva a cabo la poligamia, forma matrimonial que consiste en que un hombre puede tener sus hijos con varias mujeres; los hombres del siglo pasado tenían de costumbre tener más de una esposa, a las que ubicaban en casas propias y mantenían del todo, aunque por supuesto, estaban casados con una a la que llaman “La Señora” y a la otra “La Querida”, existiendo caballeros que tenían dentro de casa tres esposas sin estar casados con ninguna y a principio y medio de este siglo la paternidad era responsable de 13 a 15 hijos y un máximo de 25 y 30 hijos con varias esposas, constatando que cuando el padre moría a cada una de sus mujeres e hijos le dejaba con qué desenvolverse.

Así transcurrían los días, las horas y las hojas desvaídas por la prontitud del tiempo que pasa y pasa, pero en cada atardecer, en cada aurora deja huellas que son imborrables como las cicatrices que deja el agua en las rocas.
La oficialía civil, cofre que engalana los recursos y las descendencias, aquí se dieron cita los más bellos amores.
¡Oh Dios sacude tu pluma para glorificar los pinceles que tintaron las viejas páginas de esos libros, allí en varios de ellos qué lindo se vio el nombre de mi Naranjal, y escudriñando tantas páginas ya débiles del tiempo!.
Mis pupilas vislumbraban desde lejos ese nombre El Naranjal tierra que me vio nacer; allí estás “Naranjal” porque estás entretejido al pueblo de Ocoa, formando parte de sus primeras secciones, todos tus hijos te recuerdan, te quieren, se preocupan por ti; pero aquí te tengo en estas letras para que seas inolvidable y tus huellas se observen desde el más allá.
En tiempos atrás los matrimonios se celebraban en las casas de las novias, como ahora, pero es de saber que en 1881 los oficiales civiles venían a esta Comunidad a pactar matrimonios y como muestra tenemos la boda de Isidro Rodríguez un Catalán que con este pacto selló para siempre su nombre, porque hoy se recuerda, como partícipe colaborador y preservador de el agua que hoy reposa en un pozo que lleva su nombre.
Aunque la mayoría de las bodas eran rapto, a caballo ya pie, pues fueron estos senderos los que recogieron y presenciaron las primeras quejas de amor y el sonido de los besos de los amoríos naranjaleros.
Otras manifestaciones culturales.
Los Dominicanos por costumbre derivada de nuestros antepasados, usan medicinas caceras hechas de raíces y hojas de las plantas, flores y cáscaras de árboles de las plantas; en este renglón el Naranjal tiene su participación como una de las poblaciones remotas del municipio, pues en este quehacer se recuerdan varias personas entre las que sobresalen: Lucía Mejía, Pancha Holandesa como la conocían, la abuela de María Recio, Felicia Martínez, Tabita Chalas, Eugenia Santana(Geña), Mariquita Peguero, entre otras personas, que salvaron la vida a varios(as) coterráneos(as) en el pasado siglo y las primeras 4 décadas del presente.
En este oficio milagroso, también tuvieron participación los hombres, pues las marcas de picadas de insectos y de vientos, de las amígdalas, del mal de ojo, del empachado como se suele decir en el argot campesino a los malestares estomacales, descompuestos(as) del estómago, marca contra las brujas y la fabricación de resguardos para proteger de las cosas malas que según las creencias de cada uno deambulan por las noches y madrugadas. La psicología de los campesinos es óptima en el aspecto creencia, pues creen en ánimas en pena y en vacases y otras atrocidades puras de las fantasías dominicanas, puras de la amalgama de razas que nos forman.
Las descendencias naranjaleras en este aspecto y otros más dejan sus respuestas, pues Fabiola Castillo es una de las mujeres que a parte de ser partera también preparaba remedios caseros excelentes y marcaba del estómago, también en Sr. Rafael Abreu (Tigen) es el “Toro” en las marcas de las amígdalas y en vientos ubicados en algún lugar del cuerpo para las picadas de insectos; la confianza era Antonio Pimentel, de este caballero hay tanta historia en este paraje, que se llenarían páginas y más páginas, más adelante te darás cuenta querido lector de la sensibilidad humana que conformó este caballero.
Para pasar el ensalmo o marca contra el ojeado María Recio, de ésta hay que decir que era mejor para ella que le falte la comida que las pilas de su radio para escuchar su radionovelas, pues era una asidua oyente de novelas, para después contar; por las décadas de los años 70 y 80, en esta Comunidad por doquier se observaba las jóvenes y adultos escuchando a Calimán, “El hombre increíble” qué entusiasmo se recuerda para esos tiempos y con qué hilo y secuencia contaban las hazañas oídas, esa era parte de la entretención de la gente en este lugar; María Recio, también era fiel oyente de Calimán, pasaba los días cociendo a mano y escuchando radio, aunque también preparaba teses para el emparche o el niño que estuviere ojeado.

Ahora hay personas que también realizan estos oficios como lo es la Sra. Josefa Aurora Calderón (Doris), quien con sus prodigiosas manos ha marcado varios niños(as) que según su creencia si el que lleva el paciente a su casa no tiene fe no hace efecto la marca, de lo contrario si tiene fe la marca resulta.
Esta Sra. marca para el malestar de estómago y para el agito.