“HE AQUÍ LA DESCRIPCIÓN DE UNA NOCHEVELA NARANJALERA”
Desde tempranas horas de la mañana del sábado, veíanse las gentes recolectando pencas de coco y de palma para adornar el altar que estaba en la sala de la casa, con una mesa vestida de blanco total, a las ramas que colocaban del lado arriba de la mesa le intercalaban flores de tantos colores y variedades que las habían en este paraje, luego en la mesa el Santo Devoto rodeado de velas encendidas, vasos con agua, ruda y una hilera de sillas ante el altar para sentarse los cantadores e invitados especiales de otro lugar, luego el entusiasmo que se hacía dueño del panorama total porque hasta el aire se sentía alegre en días de noche velas; la hora de iniciar este acto era las 7:00 de la noche, aquí se cantaban salves hasta más no poder y después de la 12:00 de la noche venía el brindis de chocolate o jengibre con pan, después de haber saturado el visitante de mentas, cigarros y a los hombres que se sentaban en grupos a cantar le entregaban ron para acrecentar la garganta.
Suelen recordarse en este género a Sequiel Santana, Cosme Rodríguez, Trajano Pinales, Juan Ma. Castillo, Luís Ma. González (Viejo Luís), Luisa María Rodríguez, Pascual Reyes, Niño Santana, Luz María Martínez (Lulú), entre otros, constatando que son de diferentes generaciones.
Actualmente también hay cantores de salves que en cada velada celebrada son invitados especiales; y son: Bertinio Santana, Juan Reyes, Blanca Castillo, Ana Luisa Castillo (tuta), Juan Bautista Martínez, Manuel Enrique Martínez (Monina) y Nelson Martínez.
Cantautores de plenas son: Carlos Chalas, Manuel Castillo(Tatá), Miguel Chalas, Manuel Casado (Tuta), Juan Pérez Báez(Bode), Manuel Mejía(Mañé), Freddy Mejía, Miguel Santana, Cruz Abreu, Mireya Rodríguez.
No es desconocido para estas generaciones de naranjaleros que habían veladas de muertos que eran ofrecidas para que el alma descanse en paz, o por la promesa de algún familiar a alguna ánima en pena, también estas veladas eran realizadas en el paraje.
El insigne historiador dominicano Rodríguez Demorizi clasificó las velas en dos tipos: de ofrecimientos y de muertos, haciendo constar las diferencias estructurales de cada una.
Adorado lector has podido darte cuenta de la forma que se ha ido desarrollado nuestra cultura, que ya tiene matices diferentes.
En las veladas de ofrecimiento se cantaban primero las salves de las virgen de la Altagracia como:
Pues hay Dios te salve e e
y hoy de reina y madre
De misericordia oh vida y dulzura
Y esperanza nuestra son los destierros
Hijos de la Eva a ti suspiramos
Oh viendo y llorando.
Abogada nuestra, muéstranos señora a Jesús bendito,
Frutos de tu vientre, pues a Dios clemente,
Ella es la promesa, son de Jesucristo,
Jesucristo amén recibe esta salve con grande alegría,
Por esa señora que está es el altar,
Que yo espero en ella que nos ha de salvar,
Virgen se lo pague, a ustedes también, amén.
Había que escuchar el son que tomaba Luisa María Rodríguez Castillo de 92 años dictando con las arrugas de sus labios esta salve.
En los meses de mayo se cantaba a la Cruz la siguiente salve:
Santí – santísima Cruz de Mayo señora eh,
Pues hay Dios te salve reina y madre misericordiosa,
Esa pues señora, abogada nuestra vuelve a nosotros
Ellos sean tus ojos oh después destierros
Muéstranos señora a Jesús bendito fruto de tu vientre
oh clemente, oh dulce oh piadosa dulce, fruto de su vientre
oh madre de Dios, para que sea más digno de las promesas,
Nuestro Señor del Espíritu Santo, Santa Madre de Dios
ruega por nosotros para que seamos digno de alcanzar las promesas de nuestro señor, amén.
Nuestros ancestros recuerdan además la forma de cómo se hacían los rezos.
El naranjalero(a) es sensible, cumplidor, amistoso, buen vecino y más cuando una de las familias le sucede una muerte, un accidente u otra trágica noticia, pues aquí se consideran obligados a asistir al velorio, el enterramiento y el último rezo, y si alguien del lugar no puede asistir al velorio, va al rezo o a los últimos rezados.
En fin esta es una manera que tiene el dominicano de cumplir con el ánima ida. El rezo siempre se hace a los nueve días, cuentan que antes los nueve rezados eran realizados con todos los pormenores y el rezo mayor era el noveno día donde concurre gente de toda la élite familiar.
Hay que constatar que los rezos en este paraje han sido siempre muy nutridos, pues la gente, se conglomera en este solemne acto de despedida final según la tradición.
En el siglo pasado sólo se recuerda una rezadora oriunda de este paraje cuyo nombre era Felicia Calderón, esta mujer de temple campesino y costumbre totalmente religiosa, con las encumbrados conocimientos sobre las plegarias y rezo que brotaron en esta isla desde que Cristóbal Colón completó el planeta; esta dedicada mujer se recuerda por su vestimenta toda cubierta y usaba siempre una bufanda en el cuello, es su hogar el pionero en que un cura párroco puso su pie para santificar esta tierra y convertirla en un paraíso de gente buena, humilde, trabajadora, amantes de lo sano y santo; en las famiias es posible que uno de los hijos aprendan a realizar el oficio que realizan sus padres como profesión, pues a FelicIa Calderón de todos sus hijos e hijas sólo Ramona Calderón hereda de esta noble mujer su profesión y la ejerce tal cual profesional del área.
Actualmente sólo esta nativa de este paraje realiza este oficio, que aunque su edad no le permite asistir a los rezos de sus compoblanos, pero es su oficio principal, el cual en años atrás lo llevó a cabo con entusiasmo y dedicación; ahora hay que traer rezadoras de otros lugares, pues la Comunidad no cuenta con este imprescindible recurso humano.
No se recuerda un rezador de sexo masculino que en el siglo pasado abundaron en otros lugares del país.
Si no fuéramos a dedicar a realizar el oficio de Felicia y Ramona a donde prepararnos, podemos estar seguros que jamás lo haríamos con la profesionalidad y la rapidez incalculable e inimitable con que lo realizaron.
Estas mujeres con escasos conocimientos escolares, a penas sabían escribir y leer con deficiencia, pero con la amplia capacidad de aprender de memoria todas estas oraciones para de esta manera convertirse en culturas del pasado naranjalero.
EDICION ESPECIAL.
Desde tempranas horas de la mañana del sábado, veíanse las gentes recolectando pencas de coco y de palma para adornar el altar que estaba en la sala de la casa, con una mesa vestida de blanco total, a las ramas que colocaban del lado arriba de la mesa le intercalaban flores de tantos colores y variedades que las habían en este paraje, luego en la mesa el Santo Devoto rodeado de velas encendidas, vasos con agua, ruda y una hilera de sillas ante el altar para sentarse los cantadores e invitados especiales de otro lugar, luego el entusiasmo que se hacía dueño del panorama total porque hasta el aire se sentía alegre en días de noche velas; la hora de iniciar este acto era las 7:00 de la noche, aquí se cantaban salves hasta más no poder y después de la 12:00 de la noche venía el brindis de chocolate o jengibre con pan, después de haber saturado el visitante de mentas, cigarros y a los hombres que se sentaban en grupos a cantar le entregaban ron para acrecentar la garganta.
Suelen recordarse en este género a Sequiel Santana, Cosme Rodríguez, Trajano Pinales, Juan Ma. Castillo, Luís Ma. González (Viejo Luís), Luisa María Rodríguez, Pascual Reyes, Niño Santana, Luz María Martínez (Lulú), entre otros, constatando que son de diferentes generaciones.
Actualmente también hay cantores de salves que en cada velada celebrada son invitados especiales; y son: Bertinio Santana, Juan Reyes, Blanca Castillo, Ana Luisa Castillo (tuta), Juan Bautista Martínez, Manuel Enrique Martínez (Monina) y Nelson Martínez.
Cantautores de plenas son: Carlos Chalas, Manuel Castillo(Tatá), Miguel Chalas, Manuel Casado (Tuta), Juan Pérez Báez(Bode), Manuel Mejía(Mañé), Freddy Mejía, Miguel Santana, Cruz Abreu, Mireya Rodríguez.
No es desconocido para estas generaciones de naranjaleros que habían veladas de muertos que eran ofrecidas para que el alma descanse en paz, o por la promesa de algún familiar a alguna ánima en pena, también estas veladas eran realizadas en el paraje.
El insigne historiador dominicano Rodríguez Demorizi clasificó las velas en dos tipos: de ofrecimientos y de muertos, haciendo constar las diferencias estructurales de cada una.
Adorado lector has podido darte cuenta de la forma que se ha ido desarrollado nuestra cultura, que ya tiene matices diferentes.
En las veladas de ofrecimiento se cantaban primero las salves de las virgen de la Altagracia como:
Pues hay Dios te salve e e
y hoy de reina y madre
De misericordia oh vida y dulzura
Y esperanza nuestra son los destierros
Hijos de la Eva a ti suspiramos
Oh viendo y llorando.
Abogada nuestra, muéstranos señora a Jesús bendito,
Frutos de tu vientre, pues a Dios clemente,
Ella es la promesa, son de Jesucristo,
Jesucristo amén recibe esta salve con grande alegría,
Por esa señora que está es el altar,
Que yo espero en ella que nos ha de salvar,
Virgen se lo pague, a ustedes también, amén.
Había que escuchar el son que tomaba Luisa María Rodríguez Castillo de 92 años dictando con las arrugas de sus labios esta salve.
En los meses de mayo se cantaba a la Cruz la siguiente salve:
Santí – santísima Cruz de Mayo señora eh,
Pues hay Dios te salve reina y madre misericordiosa,
Esa pues señora, abogada nuestra vuelve a nosotros
Ellos sean tus ojos oh después destierros
Muéstranos señora a Jesús bendito fruto de tu vientre
oh clemente, oh dulce oh piadosa dulce, fruto de su vientre
oh madre de Dios, para que sea más digno de las promesas,
Nuestro Señor del Espíritu Santo, Santa Madre de Dios
ruega por nosotros para que seamos digno de alcanzar las promesas de nuestro señor, amén.
Nuestros ancestros recuerdan además la forma de cómo se hacían los rezos.
El naranjalero(a) es sensible, cumplidor, amistoso, buen vecino y más cuando una de las familias le sucede una muerte, un accidente u otra trágica noticia, pues aquí se consideran obligados a asistir al velorio, el enterramiento y el último rezo, y si alguien del lugar no puede asistir al velorio, va al rezo o a los últimos rezados.
En fin esta es una manera que tiene el dominicano de cumplir con el ánima ida. El rezo siempre se hace a los nueve días, cuentan que antes los nueve rezados eran realizados con todos los pormenores y el rezo mayor era el noveno día donde concurre gente de toda la élite familiar.
Hay que constatar que los rezos en este paraje han sido siempre muy nutridos, pues la gente, se conglomera en este solemne acto de despedida final según la tradición.
En el siglo pasado sólo se recuerda una rezadora oriunda de este paraje cuyo nombre era Felicia Calderón, esta mujer de temple campesino y costumbre totalmente religiosa, con las encumbrados conocimientos sobre las plegarias y rezo que brotaron en esta isla desde que Cristóbal Colón completó el planeta; esta dedicada mujer se recuerda por su vestimenta toda cubierta y usaba siempre una bufanda en el cuello, es su hogar el pionero en que un cura párroco puso su pie para santificar esta tierra y convertirla en un paraíso de gente buena, humilde, trabajadora, amantes de lo sano y santo; en las famiias es posible que uno de los hijos aprendan a realizar el oficio que realizan sus padres como profesión, pues a FelicIa Calderón de todos sus hijos e hijas sólo Ramona Calderón hereda de esta noble mujer su profesión y la ejerce tal cual profesional del área.
Actualmente sólo esta nativa de este paraje realiza este oficio, que aunque su edad no le permite asistir a los rezos de sus compoblanos, pero es su oficio principal, el cual en años atrás lo llevó a cabo con entusiasmo y dedicación; ahora hay que traer rezadoras de otros lugares, pues la Comunidad no cuenta con este imprescindible recurso humano.
No se recuerda un rezador de sexo masculino que en el siglo pasado abundaron en otros lugares del país.
Si no fuéramos a dedicar a realizar el oficio de Felicia y Ramona a donde prepararnos, podemos estar seguros que jamás lo haríamos con la profesionalidad y la rapidez incalculable e inimitable con que lo realizaron.
Estas mujeres con escasos conocimientos escolares, a penas sabían escribir y leer con deficiencia, pero con la amplia capacidad de aprender de memoria todas estas oraciones para de esta manera convertirse en culturas del pasado naranjalero.
EDICION ESPECIAL.
FANNY SANTANA.


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