CAPÍTULO IV: Aspecto Sociocultural
Es justamente el momento para iniciar parte de este capítulo donde debo colocar una descripción prosada de lo que es una primavera naranjalera.
Ya cuando el aire fresco cubre tus paisajes, cuando el cielo lanza sus copos blancos y ligeros, ¿Cómo naces tan llena de alegría? Es tu faz como un naciente nenúfar orlado de un nácar especial de ese que Dios ha creado para tus hermosos ensueños primaverales.
Es tu paisaje como el fresco aire que sopla en los amaneceres playeros, vuelan los pájaros de rama en rama y con árboles con sus visitas empiezan a mecerse.
Ya comienza la algarabía, se observan las verdes y lozanas montañas abrir sus copas al mundanal ruido; y como un poemario de amores, cantan trinos los pajarillos, las palmeras tienen fiestas, al sur de la comarca todo un platanar albergador de chillidos, el chasquido de los animales rumbo al arroyo a nutrir sus estómagos de hierva verde y agua fresca.
Ya las abejas han despertado la alegría en los jardines; y todo húmedo, las hojas con su perpetuo color que sería difícil descubrir aquel verde claro–oscuro, el verde de la Loma Redonda, aquella isla de color.
El aire del Naranjal es agradable y se haya nutrido por esas sustancias y el néctar de esas flores que de costumbre, por amor a la tradición cubren las tierras de este terruño.
¡Que lindo ver sus bosques y montañas tan lanosas, instalando en la pradera, aquel olor a hojas, a flores y recuerdos tradicionales!.
Es pintoresca mi tierra, sus habitantes son gentes humildes, trabajadores que han buscado en las cimas de las montañas el mejoramiento de sus vidas con la siembra de guandules, maní, etc.
La mujer naranjalera desde su fundación se ha caracterizado por su espíritu trabajador, creador y luchador de las faenas que cubren los hogares buscando caminos, creando huellas, aquellas huellas que ahora tienen y llevan en sus hombros, nuestras ninfas trabajadoras.
¿Cuál sería su meta al salir con su machete en la mano, su rodillera al hombro, para internarse en el monte para buscar que quemar en el fogón de su cocina?
Es indomable el deseo de mejorar su condición de vida.
¡Qué bellas se observan en los matinales horas!. con su azada o su lata en el cuadril salir para las norias que como alegres fontanas saturan la tierra de agua trajinando en sus veredas aromas de agradables efusiones y recuerdos. Todo ese trabajo se hacía confundir con el ruido que nuestra nutrida naturaleza expande por toda la orografía de terruño ya los pájaros y el viento, junto la sinfónica voz del sapo orlan la sepultura del sol, el óptimo hombre trabajador, labrador, panadero, carpintero, etc. oscila su figura hacia el camino que lo llevará a su lar querido, donde lo espera el agua tibia y el café a orilla del fogón y uno que otro chillido de platos y cucharas, el humo como un colaborador secando la carne que no faltaba en los rincones de la cocina naranjalera atada mayormente a un palo fuerte; el calabazo en su lado esperando que surjan del aire sus movimientos para no pararse de bailar con su traje marrón y su collar de guano seco.
No puedo dejar de mencionar el héroe principal de la cocina nuestra aquella reliquia heredada de nuestros ancestros del maíz, maní y el café, tiene su estructura tal cual guayacán macizo y seco son sus funciones y servicios los enaltecedores de la hacendosa mujer naranjalera; es el pilón, ese estuche perfumador de los detalles más frágiles de la mujer campesina dominicana.
Los individuos hacen en las sociedades numerosos oficios y ejercicios, quizás por obligación o diversión y si no ambas para ayudar el estrés, porque donde nace lo cultural de una comunidad es en sus gentes, costumbres, haceres y en ese hacer nacen los cantos campestres de salves y plenas que desarrollaron en la recolección de cosechas a través de los convites, éstos que engalanan las faenas del campesino dominicano, ya en estos tiempos esa forma de trabajo ha desaparecido en el paraje pero estuvo intacto a mediado de todo este siglo; cuentan los antecesores que ningún agricultor hacía sus cosechas sin convites y que una parte primordial de ese acto de trabajo fueron los sombreros hechos de cana y cabuya, y un derroche de comida, café, arroz con leche y tabaco, que donde José Santana y Pelegra Peguera cuando ya el convite terminaba bajaban a la casa a comer arroz con leche que ligado con plenas y salves conuqueras de seguro sabía a entusiasmo y valentía mancomunada. He aquí Coplas que se usaba cantar en los años de 1920:
Lucero de la mañana.
Claridad de todo el día
Porqué no me recordaste
Cuando pasó el alma mía.
Eres luna porque alumbra.
Eres sol porque venera.
Y eres cadena de amor.
Que me tienes prisionero.
En tu puerta sembré un pino
y en tu ventana una palma
Como quiere que te olvide,
Si me tiene presa el alma.
Los campesinos dominicanos son cantores, cantan salves hasta más no poder y en esta comunidad eso tuvo una idiosincrasia especial, pues existían proles largas que sobresalían en este género y que lo hacían por amor, por afición; las costumbres de esta parte de Ocoa en casi las de todas sus comarcas, se celebran noche velas, que para el siglo pasado se remembra que hasta por 8 y 10 sábados corridos se ponían velada éstas fueron muy frecuentes, todavía para los años 70 se conserva esta tradición pero ya para los años 90 esto ha ido desapareciendo y no sólo por esta parte sino por todo San José de Ocoa, es quizás la razón por la cual no se hace este tipo de adoración, la carestía de los ajuares que se utilizan para desarrollar ésta o también que se ha observado que la gente ha perdido parte de esas creencias, pues antes estos festejos terminaban en bailes y con comilonas abundantes en carnes y víveres, bebidas, café, hurgados amoríos, entre otros.
“HE AQUÍ LA DESCRIPCIÓN DE UNA NOCHEVELA NARANJALERA”
Desde tempranas horas de la mañana del sábado, veíanse las gentes recolectando pencas de coco y de palma para adornar el altar que estaba en la sala de la casa, con una mesa vestida de blanco total, a las ramas que colocaban del lado arriba de la mesa le intercalaban flores de tantos colores y variedades que las habían en este paraje, luego en la mesa el Santo Devoto rodeado de velas encendidas, vasos con agua, ruda y una hilera de sillas ante el altar para sentarse los cantadores e invitados especiales de otro lugar, luego el entusiasmo que se hacía dueño del panorama total porque hasta el aire se sentía alegre en días de noche velas; la hora de iniciar este acto era las 7:00 de la noche, aquí se cantaban salves hasta más no poder y después de la 12:00 de la noche venía el brindis de chocolate o jengibre con pan, después de haber saturado el visitante de mentas, cigarros y a los hombres que se sentaban en grupos a cantar le entregaban ron para acrecentar la garganta.
Suelen recordarse en este género a Sequiel Santana, Cosme Rodríguez, Trajano Pinales, Juan Ma. Castillo, Luís Ma. González (Viejo Luís), Luisa María Rodríguez, Pascual Reyes, Niño Santana, Luz María Martínez (Lulú), entre otros, constatando que son de diferentes generaciones.
Actualmente también hay cantores de salves que en cada velada celebrada son invitados especiales; y son: Bertinio Santana, Juan Reyes, Blanca Castillo, Ana Luisa Castillo (tuta), Juan Bautista Martínez, Manuel Enrique Martínez (Monina) y Nelson Martínez.
Cantautores de plenas son: Carlos Chalas, Manuel Castillo(Tatá), Miguel Chalas, Manuel Casado (Tuta), Juan Pérez Báez(Bode), Manuel Mejía(Mañé), Freddy Mejía, Miguel Santana, Cruz Abreu, Mireya Rodríguez.
No es desconocido para estas generaciones de naranjaleros que habían veladas de muertos que eran ofrecidas para que el alma descanse en paz, o por la promesa de algún familiar a alguna ánima en pena, también estas veladas eran realizadas en el paraje.
El insigne historiador dominicano Rodríguez Demorizi clasificó las velas en dos tipos: de ofrecimientos y de muertos, haciendo constar las diferencias estructurales de cada una.
Adorado lector has podido darte cuenta de la forma que se ha ido desarrollado nuestra cultura, que ya tiene matices diferentes.
En las veladas de ofrecimiento se cantaban primero las salves de las virgen de la Altagracia como:
Pues hay Dios te salve e e
y hoy de reina y madre
De misericordia oh vida y dulzura
Y esperanza nuestra son los destierros
Hijos de la Eva a ti suspiramos
Oh viendo y llorando.
Abogada nuestra, muéstranos señora a Jesús bendito,
Frutos de tu vientre, pues a Dios clemente,
Ella es la promesa, son de Jesucristo,
Jesucristo amén recibe esta salve con grande alegría,
Por esa señora que está es el altar,
Que yo espero en ella que nos ha de salvar,
Virgen se lo pague, a ustedes también, amén.
Había que escuchar el son que tomaba Luisa María Rodríguez Castillo de 92 años dictando con las arrugas de sus labios esta salve.
En los meses de mayo se cantaba a la Cruz la siguiente salve:
Santí – santísima Cruz de Mayo señora eh,
Pues hay Dios te salve reina y madre misericordiosa,
Esa pues señora, abogada nuestra vuelve a nosotros
Ellos sean tus ojos oh después destierros
Muéstranos señora a Jesús bendito fruto de tu vientre
oh clemente, oh dulce oh piadosa dulce, fruto de su vientre
oh madre de Dios, para que sea más digno de las promesas,
Nuestro Señor del Espíritu Santo, Santa Madre de Dios
ruega por nosotros para que seamos digno de alcanzar las promesas de nuestro señor, amén.
Nuestros ancestros recuerdan además la forma de cómo se hacían los rezos.
El naranjalero(a) es sensible, cumplidor, amistoso, buen vecino y más cuando una de las familias le sucede una muerte, un accidente u otra trágica noticia, pues aquí se consideran obligados a asistir al velorio, el enterramiento y el último rezo, y si alguien del lugar no puede asistir al velorio, va al rezo o a los últimos rezados.
En fin esta es una manera que tiene el dominicano de cumplir con el ánima ida. El rezo siempre se hace a los nueve días, cuentan que antes los nueve rezados eran realizados con todos los pormenores y el rezo mayor era el noveno día donde concurre gente de toda la élite familiar.
Hay que constatar que los rezos en este paraje han sido siempre muy nutridos, pues la gente, se conglomera en este solemne acto de despedida final según la tradición.
En el siglo pasado sólo se recuerda una rezadora oriunda de este paraje cuyo nombre era Felicia Calderón, esta mujer de temple campesino y costumbre totalmente religiosa, con las encumbrados conocimientos sobre las plegarias y rezo que brotaron en esta isla desde que Cristóbal Colón completó el planeta; esta dedicada mujer se recuerda por su vestimenta toda cubierta y usaba siempre una bufanda en el cuello, es su hogar el pionero en que un cura párroco puso su pie para santificar esta tierra y convertirla en un paraíso de gente buena, humilde, trabajadora, amantes de lo sano y santo; en las famiias es posible que uno de los hijos aprendan a realizar el oficio que realizan sus padres como profesión, pues a FelicIa Calderón de todos sus hijos e hijas sólo Ramona Calderón hereda de esta noble mujer su profesión y la ejerce tal cual profesional del área.
Actualmente sólo esta nativa de este paraje realiza este oficio, que aunque su edad no le permite asistir a los rezos de sus compoblanos, pero es su oficio principal, el cual en años atrás lo llevó a cabo con entusiasmo y dedicación; ahora hay que traer rezadoras de otros lugares, pues la Comunidad no cuenta con este imprescindible recurso humano.
No se recuerda un rezador de sexo masculino que en el siglo pasado abundaron en otros lugares del país.
Si no fuéramos a dedicar a realizar el oficio de Felicia y Ramona a donde prepararnos, podemos estar seguros que jamás lo haríamos con la profesionalidad y la rapidez incalculable e inimitable con que lo realizaron.
Estas mujeres con escasos conocimientos escolares, a penas sabían escribir y leer con deficiencia, pero con la amplia capacidad de aprender de memoria todas estas oraciones para de esta manera convertirse en culturas del pasado naranjalero.
Es justamente el momento para iniciar parte de este capítulo donde debo colocar una descripción prosada de lo que es una primavera naranjalera.
Ya cuando el aire fresco cubre tus paisajes, cuando el cielo lanza sus copos blancos y ligeros, ¿Cómo naces tan llena de alegría? Es tu faz como un naciente nenúfar orlado de un nácar especial de ese que Dios ha creado para tus hermosos ensueños primaverales.
Es tu paisaje como el fresco aire que sopla en los amaneceres playeros, vuelan los pájaros de rama en rama y con árboles con sus visitas empiezan a mecerse.
Ya comienza la algarabía, se observan las verdes y lozanas montañas abrir sus copas al mundanal ruido; y como un poemario de amores, cantan trinos los pajarillos, las palmeras tienen fiestas, al sur de la comarca todo un platanar albergador de chillidos, el chasquido de los animales rumbo al arroyo a nutrir sus estómagos de hierva verde y agua fresca.
Ya las abejas han despertado la alegría en los jardines; y todo húmedo, las hojas con su perpetuo color que sería difícil descubrir aquel verde claro–oscuro, el verde de la Loma Redonda, aquella isla de color.
El aire del Naranjal es agradable y se haya nutrido por esas sustancias y el néctar de esas flores que de costumbre, por amor a la tradición cubren las tierras de este terruño.
¡Que lindo ver sus bosques y montañas tan lanosas, instalando en la pradera, aquel olor a hojas, a flores y recuerdos tradicionales!.
Es pintoresca mi tierra, sus habitantes son gentes humildes, trabajadores que han buscado en las cimas de las montañas el mejoramiento de sus vidas con la siembra de guandules, maní, etc.
La mujer naranjalera desde su fundación se ha caracterizado por su espíritu trabajador, creador y luchador de las faenas que cubren los hogares buscando caminos, creando huellas, aquellas huellas que ahora tienen y llevan en sus hombros, nuestras ninfas trabajadoras.
¿Cuál sería su meta al salir con su machete en la mano, su rodillera al hombro, para internarse en el monte para buscar que quemar en el fogón de su cocina?
Es indomable el deseo de mejorar su condición de vida.
¡Qué bellas se observan en los matinales horas!. con su azada o su lata en el cuadril salir para las norias que como alegres fontanas saturan la tierra de agua trajinando en sus veredas aromas de agradables efusiones y recuerdos. Todo ese trabajo se hacía confundir con el ruido que nuestra nutrida naturaleza expande por toda la orografía de terruño ya los pájaros y el viento, junto la sinfónica voz del sapo orlan la sepultura del sol, el óptimo hombre trabajador, labrador, panadero, carpintero, etc. oscila su figura hacia el camino que lo llevará a su lar querido, donde lo espera el agua tibia y el café a orilla del fogón y uno que otro chillido de platos y cucharas, el humo como un colaborador secando la carne que no faltaba en los rincones de la cocina naranjalera atada mayormente a un palo fuerte; el calabazo en su lado esperando que surjan del aire sus movimientos para no pararse de bailar con su traje marrón y su collar de guano seco.
No puedo dejar de mencionar el héroe principal de la cocina nuestra aquella reliquia heredada de nuestros ancestros del maíz, maní y el café, tiene su estructura tal cual guayacán macizo y seco son sus funciones y servicios los enaltecedores de la hacendosa mujer naranjalera; es el pilón, ese estuche perfumador de los detalles más frágiles de la mujer campesina dominicana.
Los individuos hacen en las sociedades numerosos oficios y ejercicios, quizás por obligación o diversión y si no ambas para ayudar el estrés, porque donde nace lo cultural de una comunidad es en sus gentes, costumbres, haceres y en ese hacer nacen los cantos campestres de salves y plenas que desarrollaron en la recolección de cosechas a través de los convites, éstos que engalanan las faenas del campesino dominicano, ya en estos tiempos esa forma de trabajo ha desaparecido en el paraje pero estuvo intacto a mediado de todo este siglo; cuentan los antecesores que ningún agricultor hacía sus cosechas sin convites y que una parte primordial de ese acto de trabajo fueron los sombreros hechos de cana y cabuya, y un derroche de comida, café, arroz con leche y tabaco, que donde José Santana y Pelegra Peguera cuando ya el convite terminaba bajaban a la casa a comer arroz con leche que ligado con plenas y salves conuqueras de seguro sabía a entusiasmo y valentía mancomunada. He aquí Coplas que se usaba cantar en los años de 1920:
Lucero de la mañana.
Claridad de todo el día
Porqué no me recordaste
Cuando pasó el alma mía.
Eres luna porque alumbra.
Eres sol porque venera.
Y eres cadena de amor.
Que me tienes prisionero.
En tu puerta sembré un pino
y en tu ventana una palma
Como quiere que te olvide,
Si me tiene presa el alma.
Los campesinos dominicanos son cantores, cantan salves hasta más no poder y en esta comunidad eso tuvo una idiosincrasia especial, pues existían proles largas que sobresalían en este género y que lo hacían por amor, por afición; las costumbres de esta parte de Ocoa en casi las de todas sus comarcas, se celebran noche velas, que para el siglo pasado se remembra que hasta por 8 y 10 sábados corridos se ponían velada éstas fueron muy frecuentes, todavía para los años 70 se conserva esta tradición pero ya para los años 90 esto ha ido desapareciendo y no sólo por esta parte sino por todo San José de Ocoa, es quizás la razón por la cual no se hace este tipo de adoración, la carestía de los ajuares que se utilizan para desarrollar ésta o también que se ha observado que la gente ha perdido parte de esas creencias, pues antes estos festejos terminaban en bailes y con comilonas abundantes en carnes y víveres, bebidas, café, hurgados amoríos, entre otros.
“HE AQUÍ LA DESCRIPCIÓN DE UNA NOCHEVELA NARANJALERA”
Desde tempranas horas de la mañana del sábado, veíanse las gentes recolectando pencas de coco y de palma para adornar el altar que estaba en la sala de la casa, con una mesa vestida de blanco total, a las ramas que colocaban del lado arriba de la mesa le intercalaban flores de tantos colores y variedades que las habían en este paraje, luego en la mesa el Santo Devoto rodeado de velas encendidas, vasos con agua, ruda y una hilera de sillas ante el altar para sentarse los cantadores e invitados especiales de otro lugar, luego el entusiasmo que se hacía dueño del panorama total porque hasta el aire se sentía alegre en días de noche velas; la hora de iniciar este acto era las 7:00 de la noche, aquí se cantaban salves hasta más no poder y después de la 12:00 de la noche venía el brindis de chocolate o jengibre con pan, después de haber saturado el visitante de mentas, cigarros y a los hombres que se sentaban en grupos a cantar le entregaban ron para acrecentar la garganta.
Suelen recordarse en este género a Sequiel Santana, Cosme Rodríguez, Trajano Pinales, Juan Ma. Castillo, Luís Ma. González (Viejo Luís), Luisa María Rodríguez, Pascual Reyes, Niño Santana, Luz María Martínez (Lulú), entre otros, constatando que son de diferentes generaciones.
Actualmente también hay cantores de salves que en cada velada celebrada son invitados especiales; y son: Bertinio Santana, Juan Reyes, Blanca Castillo, Ana Luisa Castillo (tuta), Juan Bautista Martínez, Manuel Enrique Martínez (Monina) y Nelson Martínez.
Cantautores de plenas son: Carlos Chalas, Manuel Castillo(Tatá), Miguel Chalas, Manuel Casado (Tuta), Juan Pérez Báez(Bode), Manuel Mejía(Mañé), Freddy Mejía, Miguel Santana, Cruz Abreu, Mireya Rodríguez.
No es desconocido para estas generaciones de naranjaleros que habían veladas de muertos que eran ofrecidas para que el alma descanse en paz, o por la promesa de algún familiar a alguna ánima en pena, también estas veladas eran realizadas en el paraje.
El insigne historiador dominicano Rodríguez Demorizi clasificó las velas en dos tipos: de ofrecimientos y de muertos, haciendo constar las diferencias estructurales de cada una.
Adorado lector has podido darte cuenta de la forma que se ha ido desarrollado nuestra cultura, que ya tiene matices diferentes.
En las veladas de ofrecimiento se cantaban primero las salves de las virgen de la Altagracia como:
Pues hay Dios te salve e e
y hoy de reina y madre
De misericordia oh vida y dulzura
Y esperanza nuestra son los destierros
Hijos de la Eva a ti suspiramos
Oh viendo y llorando.
Abogada nuestra, muéstranos señora a Jesús bendito,
Frutos de tu vientre, pues a Dios clemente,
Ella es la promesa, son de Jesucristo,
Jesucristo amén recibe esta salve con grande alegría,
Por esa señora que está es el altar,
Que yo espero en ella que nos ha de salvar,
Virgen se lo pague, a ustedes también, amén.
Había que escuchar el son que tomaba Luisa María Rodríguez Castillo de 92 años dictando con las arrugas de sus labios esta salve.
En los meses de mayo se cantaba a la Cruz la siguiente salve:
Santí – santísima Cruz de Mayo señora eh,
Pues hay Dios te salve reina y madre misericordiosa,
Esa pues señora, abogada nuestra vuelve a nosotros
Ellos sean tus ojos oh después destierros
Muéstranos señora a Jesús bendito fruto de tu vientre
oh clemente, oh dulce oh piadosa dulce, fruto de su vientre
oh madre de Dios, para que sea más digno de las promesas,
Nuestro Señor del Espíritu Santo, Santa Madre de Dios
ruega por nosotros para que seamos digno de alcanzar las promesas de nuestro señor, amén.
Nuestros ancestros recuerdan además la forma de cómo se hacían los rezos.
El naranjalero(a) es sensible, cumplidor, amistoso, buen vecino y más cuando una de las familias le sucede una muerte, un accidente u otra trágica noticia, pues aquí se consideran obligados a asistir al velorio, el enterramiento y el último rezo, y si alguien del lugar no puede asistir al velorio, va al rezo o a los últimos rezados.
En fin esta es una manera que tiene el dominicano de cumplir con el ánima ida. El rezo siempre se hace a los nueve días, cuentan que antes los nueve rezados eran realizados con todos los pormenores y el rezo mayor era el noveno día donde concurre gente de toda la élite familiar.
Hay que constatar que los rezos en este paraje han sido siempre muy nutridos, pues la gente, se conglomera en este solemne acto de despedida final según la tradición.
En el siglo pasado sólo se recuerda una rezadora oriunda de este paraje cuyo nombre era Felicia Calderón, esta mujer de temple campesino y costumbre totalmente religiosa, con las encumbrados conocimientos sobre las plegarias y rezo que brotaron en esta isla desde que Cristóbal Colón completó el planeta; esta dedicada mujer se recuerda por su vestimenta toda cubierta y usaba siempre una bufanda en el cuello, es su hogar el pionero en que un cura párroco puso su pie para santificar esta tierra y convertirla en un paraíso de gente buena, humilde, trabajadora, amantes de lo sano y santo; en las famiias es posible que uno de los hijos aprendan a realizar el oficio que realizan sus padres como profesión, pues a FelicIa Calderón de todos sus hijos e hijas sólo Ramona Calderón hereda de esta noble mujer su profesión y la ejerce tal cual profesional del área.
Actualmente sólo esta nativa de este paraje realiza este oficio, que aunque su edad no le permite asistir a los rezos de sus compoblanos, pero es su oficio principal, el cual en años atrás lo llevó a cabo con entusiasmo y dedicación; ahora hay que traer rezadoras de otros lugares, pues la Comunidad no cuenta con este imprescindible recurso humano.
No se recuerda un rezador de sexo masculino que en el siglo pasado abundaron en otros lugares del país.
Si no fuéramos a dedicar a realizar el oficio de Felicia y Ramona a donde prepararnos, podemos estar seguros que jamás lo haríamos con la profesionalidad y la rapidez incalculable e inimitable con que lo realizaron.
Estas mujeres con escasos conocimientos escolares, a penas sabían escribir y leer con deficiencia, pero con la amplia capacidad de aprender de memoria todas estas oraciones para de esta manera convertirse en culturas del pasado naranjalero.


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